ROMA, 08 Dic. 15 / 04:03 pm (ACI).- El Papa Francisco ha inaugurado hoy el Año Santo de la Misericordia. Tal vez no tenga el impacto mediático como el del gran Jubileo del año 2000 pero será un tiempo especialmente dedicado al rezo del rosario y a promover entre los fieles el sacramento de la reconciliación o confesión.

Este inicio del Año Santo también contó con un invitado de lujo, el Papa Emérito Benedicto XVI, que se convirtió en el primer peregrino en cruzar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro luego de que el Papa Francisco la abriera esta mañana.

En este tiempo, todos los días a las 6:30 p.m. se rezará el rosario en la Plaza de San Pedro. Allí diversas parroquias de Roma, institutos religiosos, confraternidades, entre otros, se reunirán para rezar.
Como dice la bula del Papa con la que convocó a este Jubileo, “ninguno como María ha conocido la profundidad el misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor”.

La misericordia se obtiene, entre otros medios, a través de la confesión y la conversión. Por esta razón el Papa Francisco ha querido que el sacramento de la reconciliación tenga un espacio especial para la peregrinación jubilar. Siempre habrá durante este tiempo confesores disponibles en el llamado Brazo de Carlo Magno, al costado de la Basílica de San Pedro.

Además habrá 800 misioneros de la misericordia a los que cualquier obispo podrá invitar a su diócesis para confesar y absolver de los pecados que normalmente están reservados a la Sede Apostólica como la profanación de la Eucaristía.

También podrán, de acuerdo al mandato pontificio, absolver del pecado del aborto procurado sin necesidad de recurrir al obispo. Además, durante este jubileo, los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (lefebvristas) podrán administrar válidamente el sacramento de la confesión.

Este es un jubileo que incluye en las celebraciones de San Pedro el rosario y la confesión sacramental como dos medios sencillos para obtener la indulgencia plenaria, aquella Divina Misericordia que San Juan Pablo II aprendió a amar con Santa Faustina Kowalska y que hace que todo jubileo sea un verdadero momento de gracia para toda la Iglesia y el Pueblo de Dios.