Hoy hemos recibido la triste noticia del fallecimiento de nuestra hermana Soledad Tituaña en Ecuador. Sole, como la solían llamar era una joven religiosa alegre, sencilla, trabajadora, mercedaria comprometida, de esas que dejan obras más que palabras y por eso calan hondo. Fue a Calceta, inmediatamente después del terremoto, quería ayudar, colaborar con su gente, trabajar por levantar la voluntad caída y el porvenir de los niños y jóvenes ecuatorianos que habían sufrido la terrible experiencia de perder a un ser querido, su casa, su colegio, su pueblo como lo conocían. Allí, en una de esas vueltas inexplicables de la vida sufren las hermanas una nueva tragedia, por un escape de gas (los servicios después de un terremoto son difíciles y escasos) se quema la casita donde habían ido a vivir, pues la antigua se derrumbó, y el fuego atrapó a Sole; dejando también herida a otra hermana, Emperatriz.

Justo un tiempo antes los misioneros combonianos quisieron dejar testimonio de los que se quedan, de los que no se van porque creen que el Reino se construye al lado de la gente sufriente: los misioneros. Grabaron un vídeo, donde precisamente aparece nuestra Sole, hablando desde lo que le apasionaba: vivir el evangelio.

MISIONEROS DESPUÉS DEL TERREMOTO