El polvo en nuestras cabezas nos recuerda que somos polvo y que volveremos a la tierra, somos
polvo en el universo, pero somos el polvo amado por Dios, el Señor ha soplado su aliento de vida en
nosotros, por eso somos polvo precioso destinado a vivir para siempre, nosotros somos la esperanza
de Dios.
“Al inicio de la cuaresma démonos cuenta de esto; la cuaresma no es el tiempo de derramar
moralismos inútiles sobre la gente, sino reconocer que nuestras miserables cenizas son amadas por
Dios”, es un tiempo de gracia para acoger la mirada amorosa de Dios, y de esta manera cambiar
nuestras vidas; estamos en este mundo para dar vida a esas cenizas, no matemos el sueño que Dios
tiene sobre nosotras, al soplar su Espíritu de vida a nuestro polvo inerte.
Este mundo descristianizado, nos quiere sumergir en la desesperanza, fruto de la obra del maligno
que quiere instaurar su obra en el mundo, no cedamos a la resignación que nos ciega a contemplar la
mirada amorosa y misericordiosa de Dios. “El diablo como León rugiente anda buscando a quien
devorar…”1. P 5,8.
Déjense reconciliar con Dios, nos dirá el Apóstol San Pablo, el abrazo del padre en la confesión nos
hace capaces de amar, para amar, y así experimentar la alegría que Dios nos resucita de nuestras
cenizas. Oremos con mayor intensidad, para experimentar un poco más la mirada misericordiosa de
Dios. Dios que es padre y madre nos bendiga siempre. Hna. Bertha.B. Barreiro Gorozabel, Provincial de Ecuador