Nos escribe nuestra hermana Clemencia Rodríguez desde Haití.

Estamos cercanas a la Fiesta de Nuestra Madre y mi ser de Mercedaria Misionera se “agiganta” ante las posibilidades de hacer vivo nuestro carisma en medio del dolor y sufrimiento de nuestros hermanos, más pobres y excluidos que “ahora y aquí” tienen rostro de deportados, de aquellas personas que en nuestra sociedad legalista e injusta son NADIE por carecer de documentación que acredite su ser de ciudadanos.

Como trabajamos con el SJM (Servicio Jesuita al Migrante) desde allí se nos ha pedido que  como CIM acompañemos a estos hermanos nuestros a su llegada a Haití.Estamos, pues, de lleno volcadas en la tarea de dar un toque de humanidad y ternura  a los hermanos deportados de la Rep. Dominicana que los dejan en la frontera para que se arreglen “como puedan”.. Vienen sin NADA, pues ya pasó el tiempo en que se les trasladaba en autobuses pequeños y llenos de sus pertenencias pues se suponía que esas primeras personas llegaban a Haití como “voluntarias”, aunque profundizando en el acontecimiento venían porque se les obligaba bajo amenazas a que lo hicieran. Y bueno, ahora ya no hay ningún “voluntario”. Nuestros hermanos que están llegando cada día (en la frontera de Malpás de 50 a 60 personas) han sido detenidos en la Rep. Dominicana a la madrugada, cuando se dirigían a sus trabajos precarios en la construcción o estaban en el campo o en sus casas de los “bateys”durmiendo. Llegan con lo puesto, casi descalzos, frustrados, cansados, hambrientos y algunos hasta con su herramienta de trabajo o con su casco. Desde el SJM se les da acogida y se les atiende en sus necesidades urgentes, procurando encaminar, a quienes tienen referencias familiares a sus lugares de origen. Los que no saben a dónde ir pues han pasado 30 o 40 años en la Rep. Dominicana y toda su familia y pertenencias las tienen allá, se les acoge en una casa que se ha alquilado y se les está procurando arreglar papeles para que regresen al país vecino que lo que parece quiere es deshacerse de los haitianos en situación irregular. Es una tristeza pensar que estas personas SON NADIE. pues no tienen documentos ni en un país ni en otro y en ninguno de los dos tienen cabida. y por ser NADIE tampoco son noticia ni el gobierno tiene preocupación especial por ellos. En un paso fronterizo más al sur, en la zona de Anse-a-Pit, la gente que ha venido de la Rep. Dominicana y no tiene a dónde ir ha comenzado a formar campamentos en terribles condiciones de inhumanidad, con tiendas hechas con plástico y cartón. Allí también ha estado la CIM, para testimoniar el sufrimiento y drama que viven nuestros hermanos deportados en la frontera. Te mando algunas fotografías para que constates lo que te cuento: tiendas hechas de cartón o plástico y ya están más de 3.000 personas!!

La impotencia frente a esta situación que vivimos en Haití es muy grande, pero el hecho de poder comunicar ternura, el tener momentos para​​ escuchar su sufrimiento, el poder atender a sus necesidades básicas y el no alimentar sus sentimientos de frustración y de dolor por el rechazo que sufren, creo que ya es una manera de practicar esa “merced de Dios” con los hermanos/as más pobres y vulnerables. Y también no podemos evitar el soñar en posibilidades de levantar la dignidad de estas personas, dándoles primero la posibilidad de ser ALGUIEN con documentos y con una vivienda digna. Nuestro proyecto de casas continúa aunque a pasos lentos por la falta de medios, pero ya soñamos en otro proyecto por estas zonas de dolor y de miseria. Nuestra Fundadora Lutgarda   decía con una confianza digna de admiración: “Dios Y Nuestra Madre proveerán”. Deseo de corazón tener esta confianza para aliviar en algo el sufrimiento de estos hermanos/as nuestras que sufren exclusión y olvido.

Con sentimientos muy mercedarios pues estoy haciendo vivo esa pasión por el Reino aquí en este pequeño rincón de Haití me uno al gozo de nuestra Fiesta de la Merced junto a María, merced,misericordia y ternura de Dios para la humanidad, especialmente para los más pobres y oprimidos.

Un abrazo muy mercedario desde la frontera de los NADIE

Clemencia