Barcelona, 15 de septiembre de 2015

“misericordiosos como el Padre…”

                              

               

Queridas hermanas:

Una vez más nos preparamos para celebrar la festividad de Nuestra Madre de la Merced. Lo hacemos en el marco del año de la vida consagrada y en el umbral de la apertura del año santo – jubileo dedicado a la divina misericordia… que se iniciará el 8 de diciembre de 2015, día de la Inmaculada Concepción.

 

El Papa Francisco nos dice que la Iglesia vive un deseo inagotable de ofrecer misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre. El lema escogido por el Papa para el Año Santo, “Misericordiosos como el Padre” MV 13, es un programa de vida para todo cristiano y especialmente para nosotras mercedarias, llamadas a dar respuestas esperanzadoras frente al drama que viven tantas personas desplazadas y angustiadas por conflictos armados que les obliga a abandonarlo todo, hasta lo más necesario para la vida.

 

Francisco nos dice que la “misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” (MV 10); parafraseando al Papa podríamos decir que la misericordia es el eje fundamental que nutre y sostiene la vida mercedaria. Nuestra actividad misionera y nuestro testimonio serán creíbles en la medida que sean reflejo del amor misericordioso y compasivo del Padre: “sed misericordiosos como vuestro Padre del cielo” (Lc 6, 36).

 

En comunión con la Iglesia, hemos de apropiarnos del deseo inagotable de ofrecer misericordia, fruto de haber experimentado en nuestras propias vidas la infinita misericordia de Dios. « Ella está dictada por el amor a la humanidad amenazado por un peligro inmenso. El misterio de Cristo  me obliga al mismo tiempo a proclamar la misericordia como amor compasivo de Dios, revelado en el mismo misterio de Cristo. Ello me obliga también a recurrir a tal misericordia y a implorarla en esta difícil, crítica fase de la historia de la Iglesia y del mundo » (DM 15).

 

En los últimos días, nuestras miradas se han visto heridas por las imágenes de desesperación de tantas personas, muchos de ellos niños y niñas, ancianos y ancianas, hombres y mujeres de todas las edades, desplazados por causa de guerras sin sentido. Tanto dolor y sufrimiento nos conmueve. Como mercedarias misioneras. ¿Cuál podría ser nuestra respuesta? ¿Estamos dispuestas a dar desde nuestras posibilidades, a poner nuestro granito de arena al servicio de estos hermanos y hermanas? ¿Estamos dispuestas a atenderlos con una actitud acogedora inspirada en la misericordia? Es lo que hoy muchas personas necesitan para descubrir el rostro misericordioso de Dios en sus vidas.

 

Que el Señor ilumine nuestro camino y nos de la fortaleza y libertad para situarnos en el sendero de los sufrientes, de los que son considerados nadie, que es el sendero por el que Cristo quiso caminar; y nos ayude a crecer en solidaridad para hacer realidad el sueño de la merced: “un mundo sin cautivos, sin cadenas, sin persecución por causa de la fe, un mundo con libertad para creer”… (Cf. Fr. Pablo Ordoñe OM. Mensaje de apertura Simposio OC.)

 

FELIZ DÍA DE NUESTRA MADRE DE LA MERCED.

 

Con mi abrazo fraterno

 

Mª Carlina Zambrano

SUPERIORA GENERAL