El día 8 de septiembre celebro 50 años de mi consagración como Mercedaria Misionera.

Quiero comenzar diciendo que tengo un sentimiento de alegría por todo lo que he vivido, recibido, conocido y querido.

En mi postulantado me mandaron estudiar el bachillerato superior, cosa que no me gustaba porque mi vocación no era para estudiar, así y todo terminé sexto y reválida.

Mi noviciado, las novicias nos queríamos, y de  mi hermana de tanda recuerdo que siempre ha estado presente en mi vida. Ella lo celebrará en el cielo.

Al acabar el tiempo del noviciado dialogando con la Madre Maestra decidimos que estudiaría Asistente Social.

 

En el juniorado viví dos años en la Casa Madre y en los encuentros con las otras junioras sentíamos la necesidad de vivir según nos presentaba el Vaticano II. Así queríamos vivir, en comunidades pequeñas insertadas en barrios, ambientes populares, con los pobres.

Llegó destino y fui a vivir en un barrio de Barcelona, en una comunidad pequeña, era un barrio obrero, estaba feliz.

 

Iniciamos esta comunidad 5 hermanas. Quise insertarme siendo una más entre ellos, mas poco a poco fui descubriendo que nos apreciaban mucho, que podíamos estar con ellos, pero ser una más como ellos era bastante imposible: nuestra casa, nuestra formación, lo que había recibido de mi familia y en la formación de la Vida Religiosa, lo hacía bastante difícil. Ante esto decidir ser lo que ellos esperaban de nosotras.

En el barrio viví 15 años, con muchas experiencias, primero residimos en la misma guardería. Después, en el tiempo de la Transición en España, pedimos al Ayuntamiento ser funcionarias, éste acepto.

 

Al ser funcionarias, dejamos los espacios de la guardería y compramos 2 pisos en el barrio cercano pues eran pequeños  y necesitábamos tener Capilla y una habitación para cada una. A lo largo del tiempo fueron cambiando las hermanas que formaban la comunidad.

 

Participábamos completamente de toda la vida de la Parroquia y de los 3 barrios, nos sentíamos muy cercanas de los vecinos.

El Párroco era responsable de los tres lugares, fuimos miembros muy activos en las Capillas que dependían de la parroquia.

 

En un encuentro con el Padre Sesma (mercedario), dialogando con él y con Dolores Bayona, entonces Madre General, vimos la necesidad de recibir en casa a mujeres que salían temporalmente de la cárcel. Compramos otro piso en la misma escalera y comenzamos a recibirlas, querían ser ayudadas y poder tener el 3º grado, para hacer el mismo trabajo de los Padres Mercedarios con los chicos. Se procuraba hacer un ambiente agradable y que pudieran ir organizando su vida.

 

Después de 15 años fui destinada a la casa de formación con las junioras.

Viví en Zaragoza 2 cursos. Sentimos la necesidad de ir a un barrio y fuimos a Valladolid, también un año, con las Junioras y una hermana de votos perpetuos.

Como también era consejera provincial pude conocer mucho más a fondo nuestra realidad Mercedaria. En una reunión Madre General comentó que la Provincia de España había sido siempre muy generosa en dar Misioneras y que era necesario que surgieran de nuevo; como me parecía que estaba dando muy poco, no lo dudé, me ofrecí.

Pasado un mes me dieron destino a África, y yo comenté que a Angola porque en Mozambique estaban en guerra. ¿No quería guerra? Pues ésta acabó en Mozambique y llegué a  Angola en plena guerra.

Pasado un tiempo de incertidumbre llegué a Luanda el día 2 de diciembre.

¡El aeropuerto lleno de militares apuntando a la escalera por donde bajábamos!.

El día 6 ya viajaba a Malanje, no había aviones de pasajeros y viajé en un avión de carga que transportaba combustible; sólo viajábamos los mandos del avión, un fraile Franciscano y yo. Angola estaba en plena guerra Civil. Vivía con miedo, la nueva comunidad estaba formada por 4 hermanas. Refugiadas en la casa Gaiatos, después tuvimos de salir huyendo y fuimos a refugiarnos en el Seminario Mayor de Malanje, intentábamos olvidar que estábamos en guerra, pero la realidad te llevaba a mucha angustia: en las calles personas muriendo de hambre, tiros día y noche y bombas  alternadas con los tiros. La Iglesia ayudó al pueblo a distribuir alimento que entregaba Ayuda Humanitaria, en 1994 firmaron una tregua, y hubo un tiempo de una pequeña paz.

En 1997 el día 19 de Marzo, San José, pudimos ir a vivir en la casa que había sido  construida y “tocada” por la guerra.

En diciembre de 1998 anuncian de nuevo tiempo de guerra y el Presidente de la República dice que era “para conseguir la Paz”, terrible frase pero así fue.

La guerra fue tiempo de acompañar al pueblo, con cocinas comunitarias en el patio de casa y en terreno de la capilla. El centro de salud que ya habíamos conseguido construir se convirtió en almacén de comida procedente de la Ayuda Humanitaria. Tiempo muy complicado, morían de hambre y de enfermedades, faltaban los medicamentos básicos, tiempo de tener un contacto mucho más fuerte con Dios, Él se hace presente en tu vida. Los bombardeos y tiros no paraban, Dios protegió nuestra casa.

Al fin, se  firma la Paz el 2 de abril de 2002.

En tiempo de guerra y hambre profunda, un periodista Italiano visita Malanje, hace una película en la que  sale una de nuestra hermanas y pide que por favor acabe toda la realidad que vivíamos. Italia se vuelca con ayuda económica y con ello se construye un Hogar para niños que se han quedado sin familia o separados de la misma.

Se le da el nombre de Hogar Kudielela.

Acaba la guerra… y ¿quién nos ayudará a conseguir lo más necesario para estos niños?. “Mans Mercedaries” en Martorell comienzan a buscar “padrinos”, personas generosas que cada mes entreguen su ayuda para los niños.

En el lugar donde se construyó el hogar también se construyó un edificio para comedores y, al acabar el servicio de cocinas comunitarias, se adecuó para escuela. Poco a poco, ayudadas por Manos Unidas, podemos ofrecer al barrio una escuela desde los cursos de Iniciación hasta Bachiller, con 1600 alumnos en dos horarios, mañana y tarde.

Tenemos en el barrio una capilla construida con dinero  de un proyecto de la Generalitat de Catalunya, donde la Patrona es la Virgen de la Merced, nombre escogido por la comunidad cristiana en agradecimiento a que no les dejamos en tiempos difíciles de guerra y hambre. Ahora tenemos la alegría de que en setiembre será nombrada Parroquia “ De Nossa Senhora das Mercês”.

Mi experiencia está muy llena de realidades vividas, he podido tener momentos muy intensos donde experimentaba al Señor, muchas amistades, muchos momentos de disfrutar de la comunidad mercedaria, en cada casa que he vivido y ahora mucha vida con los niños Kudielelas.

Tengo la riqueza de haber vivido muchas circunstancias bonitas, también difíciles, también la suerte de tener una familia que me ha comprendido, no ha faltado en los momentos de crisis ocurridos porque dejé de conectar con el Señor, abandonando la oración.

Estoy muy agradecida de ser Mercedaria, enamorada de mi Carisma  y  de que las Mercedarias Misioneras hayan tenido paciencia conmigo.

 

Malanje,  8 de setiembre de 2021

 

Josefina Cortadella Archs