VATICANO:
RECONOCIDO EL MARTIRIO DEL ARZOBISPO OSCAR ROMERO , de los frailes Michal Tomaszek, Zbigniew Strazalkowski y del sacerdote Alessandro Dordi

Ciudad del Vaticano, 3 de febrero 2015 (VIS).- El Santo Padre ha recibido esta mañana en audiencia al cardenal Angelo Amato S.D.B, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a ese dicasterio a promulgar los decretos relativos a:

-MARTIRIO

-Siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, (El Salvador, 1917-1980) arzobispo de San Salvador (El Salvador) asesinado por odio a la fe el 24 de marzo de 1980.

-Siervos de Dios Michal Tomaszek (Polonia, 1960) y Zbigniew Strazalkowski,(Polonia, 1958) sacerdotes profesos de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, así como de Alessandro Dordi (Italia 1931) sacerdote diocesano, asesinados por odio a la fe el 9 y el 25 de agosto de 1991 en Pariacoto y Rinconada (Perú).

BEATO ROMERO DE AMÉRICA, INTERCEDE POR TU PUEBLO ¡

 

San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro

EL ÁNGEL DEL SEÑOR ANUNCIÓ EN LA VÍSPERA…

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares…
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!

Pedro Casaldáliga