escudo oficial

INSTITUTO DE RELIGIOSAS DE NTRA SRA DE LA MERCED DE BARCELONA

 

 QUERIDAS HERMANAS

 

Al finalizar el Año de la Vida Consagrada nos podemos preguntar ¿qué nos ha dejado?, ¿nos ha transformado?, ¿nos ha motivado?, o ¡ya ha pasado y ahora a otra cosa! En tiempos en que la vida religiosa parece vivir una profunda crisis, es bueno reconocer el camino recorrido y reconocernos como caminantes; porque todo el que camina tiene un motivo, tiene un deseo, le anima una esperanza.

 

El año se concluye, pero continúa nuestro trabajo por permanecer fieles a la llamada recibida y a crecer en el amor, en el don, en la creatividad. Ha sido un año para revitalizar y volver al origen, volver a Galilea y darnos cuenta que no podemos conformarnos con lo que tenemos, con el trabajo bien hecho porque en este llamamiento está implicada nuestra vida, nuestro ser de mujeres de merced. Llamadas a vivir en plenitud, la PROFECÍA, la PROXIMIDAD y la ESPERANZA a mantener encendida la  llama del AMOR que no se apaga, que se alimenta con la fidelidad, como las lámparas de las vírgenes prudentes que esperaban vigilantes el encuentro con el esposo (Cf. Mensaje del Papa Francisco. 01-02-16).

 

En la tercera Carta a los Consagrados: Contemplad, el Papa hace alusión a esta imagen de camino exhortando a buscar, nos dice: “Amar significa estar dispuestos a vivir el aprendizaje cotidiano de la búsqueda” (Contemplad 8) porque el que ama no se detiene, busca constantemente la manera de sortear obstáculos, vencer desánimos, superar pruebas, iluminar oscuridades. Si estamos llamadas por el Amor, a vivir en Él ¿qué razones tenemos, para no vivir nuestra vida consagrada a plenitud? ¿Qué razones tenemos para no ser profecía? ¿Qué razones para la desesperanza? Animémonos, pues, a continuar la andadura con un corazón confiado porque sabemos de quien nos hemos fiado, porque Él nos amó primero y nosotras caminamos sobre sus huellas.

 

Seamos mujeres de misericordia, superemos nuestras fronteras del corazón para superar así las fronteras de las diferencias en la vida comunitaria. Estemos atentas al corazón del mundo y renovemos con nuevo ímpetu, ese Sí que un día dijimos. Seamos mujeres de merced, mensajeras de redención.

 

Las abrazo a cada una y les acompaño en cada realidad. Porque juntas hacemos  realidad el mismo proyecto carismático.

 

FELIZ AÑO DE LA MISERICORDIA Y AÑO DE NUESTRA MADRE DE LA MERCED.

 

 

Mª Carlina Zambrano Z.

SUPERIORA GENERAL

 

 

Lima, 02 de febrero de 2016