Queridas hermanas:

Escribo estas palabras pocos días antes de la clausura del Año de la Misericordia que ha tenido un significado especial para nosotras, mercedarias, no sólo por ser un Año Santo extraordinario, sino por estar dedicado a la misericordia.

Nos acercamos a la celebración del 156 aniversario de nuestra fundación, haciendo vida el sueño de nuestra fundadora que, con sus compañeras quiso dar respuesta a las urgencias de su tiempo desde el silencio y la humildad. Recordando a S. Pablo en Filp 2,5-9, podíamos decir de Lutgarda: Fue humilde para poder ser redentora… para bajar, padecer y compadecer. Es denuncia profética de la ignorancia y de la explotación de la mujer. Apostó por los valores del Reino de Dios sin miedo.

He vivido y compartido unos días con la CIM en Haití. Continúan en su afán misionero de libertad y fraternidad, viviendo entre nuestros hermanos haitianos con respeto, sonrisa, cercanía y capacidad de escucha. He disfrutado la fraternidad sencilla y alegre de la comunidad, he compartido el dolor de un pueblo devastado por la fuerza del huracán Matthew, hemos vivido momentos difíciles y de angustia. Pero el amor de Cristo nos fortalece y nos impulsa a evangelizar y continuar a lado de los más débiles y abandonados. Queremos vivir en fidelidad el carisma del que somos herederas, en profundidad y sin miedos porque cuando hay pasión por Jesús y su Reino, en el corazón habita la misericordia. La Merced fue fundada para dar, derramar misericordia.

Como Lutgarda, vivamos con la confianza puesta en Dios y en Nuestra Madre. Celebremos este día 21 como regalo de la misericordia de Dios a cada una de nosotras, mirando con ojos nuevos las maravillas que hace por nosotras, y abriendo el corazón y la mente de nuestros hermanos y hermanas al amor misericordioso de Dios y de la vida que no tiene fin.

Fraternalmente unidas en la oración y el recuerdo.

 

Mª Carlina Zambrano Z.

SUPERIORA GENERAL