Preocuparme por cada uno de mis hermanos de comunidad con una atención de servicio alegre y desinteresada. Aceptar a cada uno de ellos sin intentar manipularlos para fines personales o institucionales. Alabar con naturalidad las cualidades de los compañeros, desterrando toda actitud de envidia, competitividad, de dominio y de sobresalir por encima de los demás. Ser agradecido por los pequeños o grandes detalles que tiene conmigo la comunidad.