Para mí la vida consagrada es el pulmón, el corazón de nuestra Iglesia. Que bonito es sentirse en perfecta unión de corazones con vosotras, hermanas queridas. ¡Que necesarias sois para todo esta misión de evangelización!, pues quién más que las diferentes comunidades de vida consagrada para hacer visible la gran misericordia de nuestro Dios en medio del mundo y así llegar a todas las periferias existenciales.