“En aquellos años de la persecución religiosa los mercedarios que llegaban a Zaragoza donde entonces no teníamos comunidad,  siempre encontraron en las Mercedarias Misioneras de Barcelona,  encabezadas por la superiora, la Madre Mariana de Jesús Lamela, acogida y ayuda. Sabían que al llegar a Zaragoza, ese era el objetivo de los frailes del Convento de El Olivar, no estaban desasistidos, sino que tenían una casa que les abría sus puertas, las mercedarias misioneras de San Gervasio. De hecho algunos lograron llegar a Zaragoza y salvarse, otros religiosos, siete de ellos, no lo lograron y murieron mártires”.

Florencio Roselló, Superior Provincial de la Orden de la Merced en Aragón